Chaperos

Mis inicios bondage con chaperos

Siempre me había sentido atraído por los hombres, ya desde mi adolescencia había incursionado en el sexo con chicos y lo disfrutaba muchísimo.

 Con el tiempo tuve muchas parejas y relaciones, sin embargo, a pesar de psarlo muy bien, sentía que había algo que faltaba para alcanzar el más absoluto placer.

Ya entrado en mis treinta años me animé a experimentar nuevas fantasías sexuales, a veces con parejas otras con chaperos. Probé juguetes, lugares púbicos, disfraces y algunos otros juegos.

 No obstante, todo cambió cuando empecé a fascinarme con el bondage, me excitaba la idea de ser atado de diferentes y sensuales maneras y tener sexo…

 La verdad es que me costaba bastante encontrar algún compañero dispuesto a efectuar estas prácticas y mi deseo era tan grande que comencé a buscar otras alternativas para poder hacer realidad esta fantasía que me estaba consumiendo.

 Descubrí así que la mejor manera de indicarme y disfrutar de esta práctica era con chaperos, profesionales en el sexo y en todas sus variantes, sin dudas ellos sabrían exactamente como hacer posible este deseo que me encendía.

 Busqué algunas páginas en la web hasta que encontré varias agencias de acompañantes cuyos chaperos se especializaban en bondage, por lo que no me demoré en contactarme y manifestar cuales eran mis intenciones.

 Ese mismo fin de semana había planificado el encuentro con chaperos en mi departamento, finalmente haría realidad ese sueño que tanto añoraba y me excitaba de un modo indescriptible.

 Al llegar el ansiado día, esa noche, en mi apartamento, totalmente excitado, esperaba que llegara uno de los chaperos que había contratado por teléfono.

 Alrededor de las diez de la noche sonó el timbre y me apresuré a a abrir la puerta intentando disimular mi ansiedad y excitación.

 No había duda de que la agencia no me había mentido cuando me dijeron que enviarían a uno de sus chaperos más experimentados en bondage.

 Se llamaba Felipe, era verdaderamente sexy y sabía exactamente lo que yo necesitaba. Felipe me desnudó por completo y luego, de un pequeño bolso que traía con él sacó algunas sogas. Me hizo una seria de ataduras, dejándome totalmente inmovilizado.

 Una vez que me encontraba totalmente  indefenso y entregado a su voluntad, me dio sexo oral, de hecho, el mejor que recibí en mi vida ya que el hecho de no poder moverme y que me la mamara uno de los más sensuales chaperos, me excitaba aún más.

 Luego el me penetró y; a pesar de que me dolía, el placer era increíble, no demoré en correrme.

Mi experiencia bondage con chaperos se repetiría muchísimas veces más luego de aquella noche sensacional en la que me abrí a un mundo nuevo de sensaciones.