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Una noche Extraña

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Una Hora :
Dos Horas :
Tres Horas :
Cuatro Horas :
24 Horas :
Noche Completa
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Pago Tarjeta :
Pago Metálico :

Era un día como cualquiera y yo regresaba del curro en mi coche. Eran alrededor de las diez de la noche y la ruta que había tomado estaba completamente desierta. Mientas conducía pude ver a un costado de la ruta una mujer de baja estatura, delgada, con unos pechos impresionantes y un culo redondo y parado. Tenía unas curvas realmente admirables.

 

Me detuve delante de su coche, que estaba en la banquina a fin de ayudarla.

 

—Disculpa las molestias, se me reventó un neumático.— Dijo con una voz sumamente sensual. Al verla de cerca le di entre 24 y 30 años de edad.

 

En aquel entonces yo tenía 27 años. Había experimentado bastante el sexo… Ella tenía una cara de una niño inocente, aunque ciertamente no lo era.

 

-No es molestia preciosa, siempre es bueno poder ayudar a alguien, especialmente ayudar a una muñeca como tú – le dije para entrar en confianza.

 

– Bueno, muchas gracias de antemano. Pero, dime, ¿voy a tener que pagarte?

 

-No para nada. Aunque me atrevo a preguntarle su gustaría acompañarme a cenar.

 

—Claro, lo haré con gusto.- dijo con una sonrisa amplia.

-Pues entonces deme espacio, así termino de cambiar el neumático rápidamente y vamos a cenar.

 

Ella se agachó para mostrarme donde estaba el gato y yo no pude evitar mirar ese trasero firme, redondito… Que delicia!

Saqué las herramientas de mi coche y cuando estaba terminando de bajarlas del auto, ella me tomó del brazo, y dijo con una voz muy sexy:

 

-Mmm, tienes unos brazos muy fuertes.

-Si me lo permites, puede mostrarte el lugar que más ejercito.- dije provocándola.

 

Inmediatamente comenzamos a besarnos, entramos a mi coche. La parte trasera estaba libre. Coloqué una manta sobre el asiento. Ella se recostó sobre ella rápidamente y yo comencé a desabotonar su blusa mientras ella susurraba:

-Ay, guapo. Quiero que me la metas ya mismo, estoy súper excitada,,,

 

Sin pensarlo dos veces la despojé de sus jeans, me quité la ropa. Mi miembro estaba duro y caliente. Le quité su tanga diminuto y me di paso a su vagina húmeda y caliente. Cuando la penetré, ella dio un gemido de deseo y desesperación. Me aprisionó con sus piernas, calzándolas en mi cintura. La penetré hasta el fondo y comencé a embestirla con deseo de un modo salvaje y descontrolado hasta que ambos nos corrimos dando un grito que retumbó en ese paraje desierto.