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Un cliente muy especial

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Un cliente muy especial

Hace años soy empleado en un banco en la parte de cuentas a clientes. Cuando un cliente tiene que realizar operaciones especiales o abrir una cuenta, allí entro yo.

 Un día me encontraba recorriendo diferentes comercios a fin de ofrecer los servicios del banco. Entré a un restaurante y comencé a conversar con el encargado, hasta que llegó el dueño, un hombre de unos 40 años muy atractivo que se presentó y comencé a contarle sobre nuestro servicio.

 El pareció interesado por lo que hicimos una cita para que me visitara al banco y al otro día concurrí a mi trabajo muy bien vestida y de un modo muy sensual.

 Por mi parte soy una mujer atractiva aunque algo delgada. Tengo senos pequeños, muslos redondos y firmes, cabellos  castaños y ojos azules.

 Una vez entrado el mediodía me avisaron a mi oficina que en la recepción me esperaba una persona. Por lo que salí a su encuentro, lo hice pasar y lo recibí con mucha simpatía.

En todo momento intenté llamar su atención. Me levantaba del escritorio, buscaba papeles, entraba y salía de la oficina y hacía cualquier cosa para llamar su atención.

-Veo que tienes mucho trabajo

 -Algo, aunque me gustaría saber si le ha interesado mi propuesta.

El respondió que le interesaba otro tipo de propuesta que pudiera hacerle.

-¿Qué clase de propuesta? Le pregunté.

-Ayer hicimos esta cita. Sabías que vendría y te has vestido de ese modo tan provocativo.

-Perdón, pero creo que usted se ha confundido.

 -Eso lo dudo- dijo

El estaba muy seguro de sí mismo todo el tiempo y continuó:

-Mira guapa, enseguida me di cuenta de tus intenciones. Si te sigo el juego es porque eres muy hermosa y te has vestido buscando que me aproveche de ti ahora mismo.

En ese momento me sentí realmente avergonzada por sus palabras, aunque a la vez me excité mucho.

-¿Que piensas hacer?- dijo el- ¿Me voy? ¿O quieres ganar tu premio? Si me voy antes voy a hablar con el gerente y le contaré todo.

En ese preciso instante, me puse de pie. Le eché la traba a la puerta. Me puse de rodillas ante él, saqué su miembro, era enorme…. comencé a chupárselo y estaba tan duro y caliente que apenas me entraba en la boca.

 Lo que más le había gustado a el de mi era mi culo, por eso él me hizo voltear para que se lo mostrara, me empujó sobre mi escritorio y me quitó mi tanga, metiendo un dedo en mi ano que estaba caliente y muy dilatado.

El dijo…

-Si te callas y toleras lo que voy a hacerte ahora no solo cambio aquí mi cuenta, sino también la de mis empleados.

Pensé que  iba casia  prostituirme por mi trabajo, y si bien la idea no me gustaba del todo, tampoco me resistí. Me quité la falta y la blusa mientras él me contemplaba con una cara de excitación increíble.

 Tomaba su miembro y se masturbaba subiendo y bajando su mano cada vez con mayor velocidad y tanto me había gustado esa polla que decidí ayudarlo. Luego saqué de mi bolso una crema, la pasé por mi culo y lubriqué su polla con ella para facilitar su visita.

 Me puse en la posición indicada y él me penetró directamente. Aunque no era mi primera vez por el culo, el dolor que sentía era como si se tratara de mi primera vez. El metía su polla y la sacaba a su antojo, manejando el placer a su propio ritmo.

 Después de llenarme el culo de semen, me enteré que me había tendido una trampa. El ya tenía cuenta en mi banco e incluso era amigo del gerente y como yo le había gustado, él quería que lo atendiera de ahora en adelante.