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Sexo oral por primera vez

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Todo sucedió un mes de mayo, hace apenas algunos años. Yo estaba en la casa de una amiga cuando de repente comencé a recibir mensajes de texto en mi móvil.

Era  Alejandro, uno de mis mejores amigos. Me mandaba mensajes para preguntarme si deseaba verlo al día siguiente pues necesitaba hablar conmigo.

Casi automáticamente le respondí que sí. Alejandro era esa clase de amigos especiales, amigos, con “derecho a roce” y el solo hecho de pensar que pronto podría sentir su piel, su cuero, sus manos, me generaba una inmensa ansiedad y excitación.

Desde el mismo momento que le respondí ya me habían invadido las ganas de tener sexo con él, simplemente no podía evitarlo.

Al otro día, mientras los esperaba en mi casa, sentía en mi cuerpo una excitación sin precedentes. Mi coño ya estaba totalmente húmedo, mis pezones duros atravesaban prácticamente la camiseta blanca que llevaba puesta. Pensaba en su miembro erecto ante mí, en cómo se sentía cada vez que me penetraba. ¡Qué delicia!

Finalmente, llegó al momento tan ansiado. Escuché que llamaban a la puerta… era Alejandro.

Su aroma era delicioso. Lo abracé con toda mi fuerza, nos besamos y pasamos al dormitorio.

Estaba totalmente desbordada y no podía contenerme por o que lo tumbé sobre la cama y me monté encima suyo. Notaba su miembro erecto que peleaba por salir de su pantalón y eso me excitó aún más.

Alejandro me tomó de los muslos, me despojó de mis calzas y se quitó el jean.

Él me toca la cola, me la aprieta. Me saco la calza, el su jean. Instintivamente tomé su pene y comencé a lamerlo de una manera voraz, con una sed de deseo y una ansiedad que no podía disimular.

Los dos sabíamos que iba a suceder. El me colocó en cuatro sobre la cama y comenzó a penetrarme por la cola, e dolor era muy fuerte y la pedí por favor que se detuviera.

Me senté sobre la cama y volví a mamársela como una desaforada. El me tiraba de los pelos e introducía su pene hasta mi garganta.

Luego volvió a ponerme en cuatro sobre la cama y; a pesar de mis súplicas, me penetró nuevamente por la cola, sin ninguna piedad. El dolor era insoportable, sin embargo, deseaba más…

Así que soporté el dolor hasta que se convirtió en placer, en un placer indescriptible, algo que a pesar de dolor, deseaba…

Luego de un rato, ya no pude resistir más y mis gemidos de placer invadieron el dormitorio, había alcanzado un increíble orgasmo con sexo anal…