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Sexo en la cabina de Internet

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Una Hora :
Dos Horas :
Tres Horas :
Cuatro Horas :
24 Horas :
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Pago Tarjeta :
Pago Metálico :

Con Clara hacía tiempo estábamos de novio y teníamos sexo con frecuencia. Aunque jamás habíamos tenido sexo anal. A ella no le gustaba.

Un día como cualquier otro, decidimos vernos como de costumbre por lo que la invité a una cabina de Internet en un ciber que era totalmente privada.

 Comenzamos a ver nuestros correos y luego, como tenía mucha curiosidad, abrí unas páginas porno donde había algunos videos de sexo anal.

 Luego de un rato de ver esos vídeos, Clara, que se había excitado notoriamente, tomó mi pene y comenzó a acariciarme por encima del pantalón. Yo respondí frotando su vagina con mis manos.

El lugar era muy estrecho, apenas teníamos espacio para movernos, por lo que nos paramos y comenzamos a acariciarnos. Yo lentamente le bajé la falda y comencé a despojarla de su tanga diminuta.

 La idea de tener sexo en esa cabina me había excitado muchísimo y el temor a ser descubiertos nos había calentado  aún más.

Clara se puso de rodillas entre mis piernas y comenzó a besar mi pene que estaba totalmente erecto y caliente. Luego de un rato la paré, besé sus senos, sus pezones rozados estaban erectos y los mordisqueé un buen rato.

 Luego suavemente la volteé, ella me dijo que no quería hacerlo por atrás, así que introduje mi pene en su hermosa vagina que estaba totalmente empapada por sus jugos. Mientras la penetraba introduje uno de mis dedos en su ano suavemente. Su culo se lo tragó de inmediato y Clara comenzó a gemir sin parar.

 Totalmente excitada me pedía que no me detuviera. Cada vez la penetraba con más fuerza y; con cada embestida, ella gemía y me pedía más y más.

 Estaba muy excitado y decidí que quería correrme en su culo. A pesar de sus negativas. Saque mi dedo de su ano y mi polla de su vagina y le introduje mi pene erecto de una sola embestida.

 Clara se volteó y me miró con su rostro encendido de lujuria. Estaba muy excitada y en unos pocos minutos se corrió dando un grito tan que despertó la curiosidad de la chica que atendía el negocio quien preguntó si todo estaba en orden.

 Por temor a que nos descubriesen es ese momento, ayudé a Clara a arreglar sus ropas, me subí mi pantalón y le pedí a la chica que atendía que me diera la cabina por una hora más a fin de terminar la tarea que habíamos comenzado.