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Mi amiga Juana

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Mi Cuerpo

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Mis Datos

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Apartamento :
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Mis Tarifas

Precio Mínimo
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Media Hora :
Una Hora :
Dos Horas :
Tres Horas :
Cuatro Horas :
24 Horas :
Noche Completa
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Pago Tarjeta :
Pago Metálico :

Juana fue mi amiga desde siempre. A pesar de que yo estaba loco por ella, Juana sólo me consideraba como su amigo.

Soporté por años esta situación, pero inevitablemente un día ella se puso de novio y; a partir de ese momento, creo que enloquecí.

Mis sentimientos eran una mezcla de indignación y deseo. Decidí que la haría mía, a la fuerza si era necesario. Realmente no podía soportar la idea de que ella estuviera con otros hombres.

Siempre fui adicto a las perversiones, sobre todo a la hora del sexo y la verdad es que no me resulto difícil ponerla a mi merced.

Decidí invitarla a mi casa a cenar. Juana aceptó sin saber lo que le deparaba el destino.

Esa noche cenamos y puse algo en su bebida. Ella estaba más desinhibida que de costumbre gracias al brebaje que había preparado para ella.

Juana no tardó en ceder cuando me acerqué a ella y comencé a besarla. Lentamente fui quitándole la ropa. Me excitó muchísimo poder contemplar al fin su hermoso cuerpo totalmente despojado de vestimentas.

¡Cuánto deseaba penetrarla! Juana me miraba totalmente relajada. Quería que todo fuera perfecto, así que comencé a besar su cuerpo. Comencé por su cuello, luego sus labios.

Continué besándola apasionadamente, había esperado tanto por ese momento que no podía creer que finalmente ella fuera mía.

Luego de besarla, introduje un par de dedos en su coño húmedo, se sentía delicioso. Estaba empapada y gemía cada vez que movía mis dedos dentro suyo. Yo estaba totalmente excitado. Mi miembro esta tieso y no sabía cuánto más podría resistir.

Tomé a Juana de la mano y la conduje a mi alcoba, empujándola sobre la cama. Luego abrí bien sus piernas. Ella mi miraba sin oponerse a lo que estaba sucediendo.

Me quité la ropa, me monté sobre ella y comencé a penetrarla con lujuria. Juana gemía de placer, murmuraba algunas palabras que no llegaba a comprender, pero me excitaba su tono de voz.

Luego de penetrarla un buen rato, la coloqué en cuatro patas sobre la cama, metí un dedo en su coño y ella gritó de dolor, hecho que me hizo excitar a más no poder.

Tomé a Juana de las caderas y lentamente empujé con mi miembro en su hoyito hasta que entró la cabeza de mi pene. Una vez que lo conseguí, empujé con fuerza hasta que entró todo mi miembro. Juana lanzó un grito desgarrador, pero no me pidió que me detuviera, por lo que comencé a meter y sacar mi pene de su hermoso culo hasta que, envueltos en frenesí y descontrol, alcanzamos el éxtasis.

Luego de esa noche, Juana dejó a su novio y continuamos teniendo esos encuentros por un tiempo, solo que no hizo falta que sazonara sus bebidas.

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