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La reconciliación

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Esa tarde estaba viendo en la TV una telenovela que había logrado quitarme las lágrimas como si fuera un bebé. Pero esta vez no estaba segura si eso se debía a la telenovela o si era producto de lo que había sucedido con Lucas. En eso estaba pensando cuando justamente alguien tocó al timbre, lo cual me pareció un tanto extraño ya que no estaba esperando a nadie.

Para evitar hacer evidente mi depresión oculté el helado que estaba tomando mientras lloraba para ahogar mis penas. Sequé mis lágrimas y caminé hacia la puerta de entrada, sin darme cuenta que vestía una tanga muy pequeña y una blusa prácticamente transparente.

 

En la puerta esta Lucas. No podía creer como había osado venir a mi casa luego de lo sucedido.

 

— Vete de aquí, no te quiero en mi casa. — le dije.

 

El no respondió pero me examinó de arriba hacia abajo…

 

— ¿Es que acaso no has oído? He sido lo suficientemente clara, ahora vete. —

 

Di un portazo sobre sus narices pero él interpuso el pie. Yo no  me había percatado de ese detalle y creí que Lucas se había marchado, por lo que me dispuse a continuar viendo la telenovela.

En un momento, sentí que él me susurraba algo al oído y ahí me di cuenta que había logrado meterse en la casa.

El dijo:

– Estoy seguro que lo deseas tanto como yo, así que no intentes  resistirte, así lo único que haremos será perder el tiempo, sólo nos harás perder el tiempo.

Iba a decir que no, pero antes que siquiera pudiera pensar mi argumento, Lucas chocó sus labios contra los míos y ése fue apenas el comienzo de todo.

Luego él, que estaba detrás de mí se tiró sobre el sofá con tal brusquedad que ambos caímos al suelo. Seguíamos besándonos con mucha urgencia mientras Lucas de despojó de las pocas prendas que vestía. Después comenzó a besarme descendentemente hasta llegar a mi sexo, que ya se encontraba húmedo y palpitante.

Lucas me lamió mi coño hambriento, luego introdujo dos dedos en mi vagina y jugó con ellos hasta que alcancé el orgasmo.

Ahora era mi turno. Le quité sus jeans, luego sus bóxers y me encontré con su enorme pene totalmente hinchado y caliente de deseo. Me introduje su miembro en mi boca tan profundo como me fue posible mientras con mi mano juagaba con sus testículos.

Luego de un rato, Lucas sacó el pene de mi boca, comenzó a penetrarme marcando un ritmo que me volvía completamente loca mientras me decía:

 

— Sé muy bien cuanto lo disfrutas. Al menos reconócelo, maldita perra. Toma más y más duro…. Reconócelo…

Entre suspiros y gemidos todo lo que alcancé a decir fue:

 

—Sí, sí. Soy tu perra.. Lo disfruto. Dame más duro, más duro por favor…

 

Seguimos un buen rato y alcancé dos veces el orgasmo, Lucas me llenó de semen y me encantó sentir su fuego dentro de mí. Luego de todo ello solo queríamos más por lo que lo siguiente fue otra sesión de sexo oral.