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Jugando en el bus

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En una oportunidad con mi novia decidimos ir a un parque de diversiones que quedaba a unas cuatro horas de la ciudad.

Para ello tomamos con un grupo de amigos un bus que nos dejó allí. El parque era genial, pasamos un día muy divertido.

Al tomar el bus de regreso las cosas se pusieron aún más interesantes. Todos estaban tan cansados que se quedaron dormidos. Yo no me dormí pues me sentía invadido por una incipiente excitación. Mi novia Lucía vestía un short diminuto. Ella se había cubierto las piernas con un abrigo mío pues le había dado frío.

Aprovechando que ella estaba entredormida, metí mi mano por debajo del abrigo y comencé a acariciar su sexo. Lucía, al sentirme, abrió más sus piernas para facilitarme la entrada. Gemía suavemente de placer y luego con su mano comenzó a buscar mi sexo que estaba totalmente duro.

Acariciaba su clítoris y con mis dedos podía sentir su coño húmedo y palpitante de deseo. En su rostro se revelaba el placer que ella sentía y los esfuerzos que hacía por no emitir ni un sonido, pues se tapaba la boca para que nadie pudiera escucharla.

Para impedir que se le escaparan los gritos yo la besaba en la boca con pasión y continuaba masajeando su clítoris. Ella no tardó en correrse, podía ver en su rostro el placer que sentía, estaba totalmente abandonada al disfrute de ese momento.

Las cosas no terminaron allí, los dos nos quedamos con ganas de algo más, por lo que corrí su short dejando su coño al descubierto y metí mi pene entre sus piernas. Lucía quedó a mis espaldas y simulé que la abrazaba por detrás como si estuviéramos durmiendo acurrucados.

Deseaba con locura penetrarla una y otra vez y esa posición me facilitó el camino a su vagina calentita. Los dos estábamos terriblemente excitados ya que el hecho de que en cualquier momento podíamos ser sorprendidos le añadía mucha emoción a ese momento.

Perdí la noción del tiempo, no sé cuanto estuve embistiendo disimuladamente a Lucía, solo sé que llegó el momento en el que ya no pudimos contenernos y nos corrimos. Yo no pude evitar lanzar un gemido al acabar despertando a uno de nuestros amigos quien, sumamente excitado decidió sumarse en silencio con nosotros a esa aventura, pero eso es otra excitante historia que os narraré en otra oportunidad.

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