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Jugando con mi esposa y los travestis

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Con Noelia, mi mujer, siempre hemos buscado traspasar todos los límites posibles a  la hora del sexo. Nunca nos pusimos barreras, sin dudas creemos que para que una relación perdure en el tiempo es fundamental mantener viva la llama de la pasión sobre todo a la hora de follar.

Habíamos pasado por muchas excelentes experiencias sin cuestionarnos. Lo único que nos faltaba era probar follar con travestis. Era algo que nos atraía pero que aún no habíamos consumado.

Hablamos sobre la posibilidad de follar con travestis varias veces y la idea nos excitaba a ambos, por lo que decidimos hacer el intento y pasar una noche de lujuria con travestis.

Durante un par de noches llamamos a varias agencias de acompañantes y averiguamos sobre los servicios que brindaban. Finalmente conseguimos dos travestis que nos gustaban a ambos y los citamos esa misma noche en nuestra casa.

Estábamos muy excitados con la idea de follar con travestis, era algo que habíamos hablado mucho y nos encendía y, el solo hecho de pensar que lo haríamos posible nos había puesto muy cachondos.

Esa misma noche, alrededor de las 12 los travestis llegaron a la cita. Los dos eran increíblemente sensuales. Uno de los travestis era moreno, de piernas largas y torneadas y unas tetas enormes. El otro de los travestis era más delgado, pero con una armonía perfecta.

Tomamos unos tragos, conversamos un rato y luego nos dirigimos a la alcoba. Mi mujer, sin perder el tiempo, comenzó a besarse con uno de los travestis. Yo me quedé atónito mirando lo que ella hacía.

Lo besaba, comenzó a quitarle la ropa. Acariciaba su cuerpo con un deseo descomunal. Mientras los miraba el otro de los travestis, se colocó detrás de mí y comenzó a besarme el cuello. Acariciaba mis nalgas metiendo sus manos debajo de mi pantalón y buscando mi sexo con sus manos.

Mi polla estaba durísima, estaba súper excitado, tanto por ver a mi mujer que ya estaba follando con el travesti, como por lo que el otro me estaba haciendo.

El travesti ya me había bajado mi pantalón y; en un arrebato de calentura, lo empujé contra la pared. El quedó de espaldas a mí,  abrí bien sus piernas y enterré mi pene en su culo hasta el fondo.Mientras lo penetraba oía los gemidos de mi mujer con el otro de los travestis, los dos se estaban corriendo.

Sus gemidos de placer me excitaron tanto que me corrí en el culo del travesti bañándolo de semen que chorreó por sus piernas hasta el piso.

Luego de aquella noche volvimos a repetir varias veces nuestros encuentros con travestis.