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Ese beso del pasado

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Hacía tiempo que no pensaba en ello, no obstante muchas veces, los recuerdos del pasado regresan para hacerse presentes en nuestra memoria.

 Cada vez que pienso en ese momento, un escalofrío me invade recorriendo todo mi cuerpo y permitiéndome revivir esos momentos. Cuando ese recuerdo me invade, lo único que puede hacer es masturbarme.

 Hacía tiempo que no pensaba en él de esa manera…

–          Quiero que hagamos el amor ahora – dijo esa noche luego de besarme apasionadamente.

Casi sin darme cuenta, mi respuesta me sorprendió a mi misma:

–          Si, ya también deseo hacerlo- dije con la respiración entrecortada.

En ese preciso momento sonó mi móvil. Era mi novio que me estaba esperando. A él también lo esperaba su novia…

Hoy, el simple hecho de pensar en esas palabras hacen que no pueda evitar masturbarme una y otra vez…

 Vuelvo a pensar en él. Lo tomo entre mis brazos. Nos quitamos la ropa mutuamente, lo beso y el me responde con besos apasionados que recorren cada centímetro de mi piel.

Todo sucede como si fuera la primera vez. Su miembro erecto me traspasa mientras siento que muero de placer.

 Cada noche pensaba en esa situación, justo antes de irme a dormir y a la mañana siguiente apenas podía recordar lo sucedido. Me despertaba empapada y sabía con certeza que habíamos estado juntos.

 Jamás lo llamaría. Solo se trataba de una fantasía, aunque las palabras que él había pronunciado esa noche no se iban de  mi mente. Esa fantasía rozaba el límite de lo real, de lo posible.

 Ya han pasado años desde ese día. El tiempo se ha encargado de borrar un poco ese deseo. Sin embargo, en muchas ocasiones ese recuerdo regresa a mi cuando menos lo espero.

 Me excito tan solo por el hecho de imaginarme que le escribo o le envío un email para decirle que aún lo espero. Que lo necesito, que podemos hacerlo…

 Me recuesto desnuda sobre la cama. Imagino que el se encuentra  mi lado observándome. El posa sus labios sobre los míos. Nuestras pieles se rozan suavemente. El se coloca sobre mí e introduce su miembro erecto en mi coño húmedo y palpitante mientras nos miramos a los ojos.

 Me derrito de placer sintiendo sus movimientos. Primero entra suavemente, luego sale. Dentro. Fuera. Dentro, fuera, dentro, dentro, dentro hasta correrse. Mi cuerpo se contorsiona. Tiemblo. Alcanzo un orgasmo y no puedo evitar emitir un gemido entrecortado de placer…

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