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El doctor sexy

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En oportunidad me enfermé y debí acudir al médico, lo que no sabía era que ese médico era gay

La consulta comenzó normal, como cualquier tipo de consulta, aunque él el momento me dijo que necesitaba examinarme mucho más a fondo, por lo que me pidió que me quitara la ropa.

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Yo totalmente inocente obedecí. El doctor me pidió que me recusará en la camilla y se colocó detrás mío. Luego comenzó a tocar me y sobar me la podía, comenzó desde los testículos, hasta llegar a la cabeza de mi pene. Le pregunté qué era lo que estaba haciendo y el, totalmente descarado me dijo que se trataba de un examen de rutina.

Sin embargo, lo que hace al doctor, lejos de producir me rechazo me había excitado mucho. Era un hombre atractivo, algo mayor que yo pero me besaba y me tocaba de una manera que hacía que ni podía pusiera dura como una piedra de calentura, nunca me había sentido de ese modo, por lo que lo deje continuar.

Cuando estaba a punto de correrme, él quito mi miembro de su boca y se concentró en mi ano. Primero introdujo su lengua, comenzó lamerme, lubricó bien mi entrada y luego introdujo uno de sus dedos mientras con una de sus manos me masturbaba.

Cuando mi ano estaba totalmente dilatado, el doctor comenzó a introducir la punta de su pene en mi culo, primero lo hacía lentamente y luego fue aumentando en intensidad y se movía cada vez más rápido. Yo sentía una mezcla de dolor y placer imposible de describir, por momentos quería que se detuviera, aunque deseaba sentir esa sensación.

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El doctor continuaba penetrando hasta que logró meter todo su miembro dentro mío, el dolor era insoportable, pero ya era demasiado tarde. Comenzó a embestirme intensamente, me tapó la boca para que los pacientes en la sala de espera no escucharan mis gritos.

 Así estuvimos un buen rato, hasta que en un momento, ya no pude controlarme y me corrí. El doctor continuó embistiéndome por unos minutos más hasta que sentí que un chorro de esperma bañaba mi culo y chorreaba por mis piernas. Fue el mejor orgasmo que había tenido en mi vida. El doctor se incorporó, acomodó sus ropas, me dijo que me cambiara y nuestro idilio de sexo terminó, aunque muchas veces volví a hacerle algunas visitas para repetir su peculiar chequeo médico que tanto nos excitaba a los dos.