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Diversión por dos

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Ella movía su cuerpo mientras la besaba. Estábamos desnudos y pegué mi cuerpo contra el suyo para que si sintiera como mi pene se endurecía mientras yo notaba como su coño se humedecía.

 Mientras tanto, su amiga me abrazaba por detrás. Acariciaba mis huevos mientras besaba el lóbulo de mi oreja, yo estiraba mi mano para acariciar su sexo, y le metí dos dedos en su vagina para oír sus gemidos.

 Luego la rubia bajó hasta mi miembro, allí empezó comenzó a jugar con él, me chupaba, se lo introdujo en la boca y lubrica mi miembro totalmente erecto con su saliva.

 A continuación comenzó a chuparme con un ritmo más acelerado. Mientras tanto le besaba el coño a la morocha. Le metía mi lengua y mis dedos, primero le introduje uno y luego le metí cuatro dedos  mientras la oía gritar de placer.

 Luego la morocha intercambió el lugar con su amiga y alcanzó mi pene, mientras que la rubia comenzó a besarme en los labios. Puso sus pequeños senos en mi boca para que se los chupara, mientras me dediqué a chupar y lamer sus pezones duros y rosados.

 La boca de la morocha me chupaba a un ritmo frenético…y yo estaba muy excitado. Luego la morocha se incorporó y clavó mi miembro en su vagina. Se sentó frente a mí y me cabalgaba frenéticamente mientras yo estallaba de placer.

 La rubia me lamía sin parar desde la cara hasta el ombligo, hasta que nuevamente intercambiaron posiciones. En esta oportunidad la rubia comenzó a cabalgarme, de espaldas a mí con mi pene clavado en su vagina, mientras yo veía sus muslos perfectos y me contenía el deseo.

 La morocha coloco sus senos en mi boca y comencé a chuparlos y lamerlos con desesperación. Nos movimos un poco y coloqué a la rubia debajo mío en posición de misionero. Clavé mi pene en su vagina palpitante y húmeda, primero lo hice muy suavemente, mientras entraba y salía. Luego comencé a moverme a una velocidad muy rápida mientras con mi pene rozaba sus labios inferiores y la penetraba tan profundo como me era posible.

 Ella no paraba de gemir y unos instantes después pude sentir como se corría, mientras la morocha continuaba besándome.

 Yo tenía una de mis manos en la cintura de la rubia y la otra en el coñito de la morena que estaba a punto de correrse en cualquier momento.

La morocha me entregó su ano para que la penetrara, me rogaba que lo hiciera y cuando finalmente le introduje mi pene en su ano, sus gemidos se convirtieron en un alarido mezcla de placer y dolor, daba gritos de placer extremo y a los pocos minutos se  corrió con mi polla clavada en ese culo espectacular y me excitó tanto que ya no pude soportarlo más y me corrí.

 Ambas amigas se colocaron frente a mi miembro y devoraron hasta la última gota de ese néctar espeso llenando sus bocas y deleitándome como nunca.