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Deseo fervoroso

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Hacía meses que deseaba a Fernando… El siempre se comportaba como caballero, el único problema es su hermano Marcelo con el que hace cuatro años que estoy de novio.

 Fernando siempre lograba ponerme nerviosa y era consciente de ello. Yo no sabía que lo deseaba hasta que una noche me tocó trabajar con él, nos relajamos y comenzamos a hablar de sexo.

 La conversación llegó al punto en el que  empezamos a bromear, el decía que estaba bien dotado mientras que yo bromeando le respondí que eso habría que comprobarlo.

 Tomándome totalmente desprevenida, me tomó la mano y me condujo al cuarto donde guardan las maletas, debido a que ambos trabajábamos en un hotel.

Una vez allí me susurró al oído…

—Siempre te he deseado siempre, nunca dije nada pues respeto a mi hermano. Pero ya no puedo controlarme…

Fernando comenzó a acariciarme por encima de la ropa, y yo disfrutaba a cada instante lo que estaba sucediendo.

Respondí besándolo y de repente sentí su miembro erecto que casi se salía de su pantalón. Verlo de este modo hizo que me excitara aún más…

 Desabotoné mi blusa para darle acceso a mis senos y el comenzó a chupar y lamer mis pezones mientras con una mano, introdujo dos dedos en mi vagina que ya estaba empapada y caliente de tanto manoseo.

  Luego se arrodilló ante mí y comenzó a besar y lamer mi vagina de un modo que jamás había experimentado. Tras besarme un buen rato, levantó mis piernas, las colocó sobre sus hombros e introdujo se enorme pene en mi vagina, metiéndolo hasta el fondo.

 Cada vez que me introducía su pene yo lo empapaba con mis jugos y comencé a tener una serie de pequeños orgasmos…

 Estábamos aún más excitados pues en cualquier momento alguien podía pillarnos…

Era mi turno de chuparle la polla y no lo dudé ni un segundo… Comencé a lamer su pene, me lo metí todo dentro  de mi poca y movía mi lengua de arriba a abajo…

 En ese cuarto había una silla, por lo que decidimos usarla. Le pedí que se sentara en la silla y lo cabalgué por un rato…

 El gemía de placer. Me chupaba las tetas y mordisqueaba mis pezones mientras me tomaba del cabello y me decía que era una puta.

 Yo continuaba montándolo y volví a tener otra serie de pequeños orgasmos, mientras me sorprendía de que el aún no se había corrido.

 Me arrodillé y comencé a mamársela nuevamente. El metió todo su pene en mi boca mientras yo pedía más…

 El comenzó a gemir más fuerte y se corrió en mi boca. Me tragué hasta la última gota mientras el gritaba descontrolado mientras continuaba jugando con sus dedos en mi coño empapado.