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Descubriendo los placeres con gigolos Madrid

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Fue cuando cumplí 50 años que viajé con unas amigas a Madrid. La idea era pasar un buen momento, distendernos y abandonarnos a los placeres mundanos de la vida con gigolos Madrid.

Hacia unas semanas había hablado con una amiga que había estado en Madrid y ella me había comentado que había pasado unos días increíbles con gigolos Madrid y me recomendó varios sitios donde podríamos ir para pasar increíbles momentos.

Con mis amigas Rita y Ramona llegamos ese fin de semana a Madrid dispuestas a disfrutarlo TODO. Nos instalamos en las habitaciones del hotel que habíamos reservado y luego de darnos un baño refrescante salimos a disfrutar de la noche, dispuestas a ir en busca de nuestro gigolos Madrid.

Fuimos a un pub en el centro. Ese era uno de los lugares donde me habían dicho que había buenos gigolos Madrid y que por un precio asequible podíamos conseguir los mejores servicios.

Bebimos unas copas y luego de un rato vi que Rita y Ramona conversaban animadas con tres jóvenes en la barra. Me acerqué a ellos y me sumé a la conversación.

Los tres eran jóvenes, sumamente atractivos, de cuerpo torneado y musculoso y unos rostros muy sensuales.

Luego de conversar por un rato, Ramona le dijo a los gigolos Madrid si querían acompañarnos a nuestro hotel. Ellos respondieron que sí, por lo que salimos del pub, subimos a nuestro coche y nos dirigimos con bastante prisa al hotel.

Cada una de nosotras fue a su habitación con uno de los gigolos Madrid. El que me había tocado en suerte era quizás el más atractivo de los tres. Alto, de cabellos cobrizos, ojos azules y un cuerpo sencillamente perfecto.

En mis cincuenta años jamás había estado con gigolos Madrid, por lo que estaba sumamente excitada por la idea. De solo pensarlo mi coño había empapado mi ropa interior.

Una vez en el cuarto, Adrián (así dijo que se llamaba) comenzó a quitarse la ropa lentamente mientras besaba mi cuello, mi oreja y; con una de sus manos, acariciaba mis senos.

La calentura que sentía era difícil de manejar, estar en esa situación con gigolos Madrid me había puesto tan cachonda que no yo misma me reconocía.

Totalmente invadida por la lujuria empujé a Adrian sobre la cama y comencé a cabalgarlo. Él me miraba intensamente, lo que hacía que me excitara aún más y más…

Luego de cabalgarlo por un rato, estallé en un orgasmo increíble corriéndome sobre su polla…

Sin dudas fue mi mejor experiencia sexual no solo con gigolos Madrid, sino la mejor experiencia sexual de mi vida.