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Ese día iba a darnos la nota de la escuela y yo sabía cuáles eran los resultados.

– Sr. Perez?

– Enseguida  voy.

– Espero que esté feliz,  que sólo ha aprobado 2 materias, como siempre.

Me reí para disimular la vergüenza que sentía y cuando me dirigía a casa sabía exactamente que mi madre estaría esperándome para ver mis notas.

Al llegar a casa allí estaba mi madre. Luego de ver los resultados, darme su discurso, lanzar improperios y amenazas me dijo que iba  a tomar clases particulares hasta que mejorara mi rendimiento escolar.

En nuestro mismo edificio vivía Marta. Una mujer de unos 49 años, divorciada que daba clases particulares.

No tuve más remedio que aceptar y al día siguiente acudí a lo de Marta.

– Hola Pedro, entra.- dijo ella

– Siéntate y cuéntame que materias tienes que preparar para mejorar en la escuela.

Me senté y comenzamos a conversar. Luego de dos semanas con Marta, habíamos hablado de muchas cosas, habíamos tomado confianza.

Uno de esos días, llamé a la puerta y Marta me atendió con una camisa algo escotada, pero con una actitud normal. Nunca me había fijado pero tenía dos tetas hermosas, grandes y redondas, tal como me gustaban a mí.

Mientras hablábamos me preguntó:

– Pedro, ¿tienes novia? Yo quise forzar la situación a ver hasta dónde podía llegar y le dije que sólo amigas  tenía amigas con derecho a roce.

Ella rió y me preguntó si a pesar de mi edad yo ya había tenido sexo.

– Uy, sí, muchas veces.- contesté

Ella comenzó a reírse y dijo que eso era imposible, la verdad era que yo nunca lo había hecho. Yo le pregunté si ella también tenía amigos especiales y ella respondió:

– La verdad es que no, desde que me separé no he hecho nada.

-Es una verdadera pena —dije.

– Un momento, ahora vengo voy atender el móvil.- dijo.

Yo permanecí inmóvil, pensando que podría suceder. Cuando Marta regresó, se había desabotonado mas la blusa dejando a la vista sus pechos casi por completo.

Se sentó junto a mí, no llevaba brassier, por lo que podía ver sus tetas y sus pezones. Inmediatamente fui notando como mi polla se endurecía. Continuábamos hablando pero yo no podía dejar de mirar sus pechos. Ella sabía perfectamente que la estaba mirando pero no decía nada.

De pronto me acerqué a ella, metí mi mano por su blusa y ella me miró sin decir nada. Yo temblaba de la calentura que tenía. Marta colocó sus manso en mi miembro y comenzó a acariciarlo, hasta que embriagado de excitación y deseo, no pude más y me corrí.